• Inicio
  • Blog
  • Cuando dejé de escapar de mí, encontré la paz que buscaba

Cuando dejé de escapar de mí, encontré la paz que buscaba

A veces, lo que evitamos sentir es justamente lo que más nos libera cuando nos animamos a mirarlo.

Cuando dejé de escapar de mí, encontré la paz que buscaba

Hubo un tiempo en que mi mente parecía tener una estrategia perfecta para escapar de todo lo que dolía.
Cuando alguna emoción me incomodaba, bastaba con prender Netflix, comer algo dulce “para darme un gustito”, o perderme un rato en las redes sociales.

Eran mis pequeñas fugas cotidianas.
Y aunque parecían inofensivas, me di cuenta de que, en realidad, estaban evitando algo mucho más profundo: sentir.

Con el tiempo descubrí que no soy la única.
En mis talleres y sesiones escuché muchas veces frases como:

“No quiero ir a una sesión porque no quiero llorar.”
“No quiero recordar cosas del pasado.”
“No sé si estoy lista para remover lo que ya pasó.”

Y aprendí a respetar profundamente esas resistencias.
Porque cada persona tiene su propio ritmo.
Como dice esa frase tan cierta: “Cuando el alumno está listo, el maestro aparece.”


El miedo a mirar hacia adentro

A veces tememos mirar lo que hay en nuestro interior porque creemos que vamos a encontrar dolor, oscuridad o heridas que no queremos volver a tocar.
Pero como dice David Hawkins, la verdad nos libera.
Y esa verdad no está afuera, sino en lo que evitamos ver, en las capas de programación inconsciente que fuimos acumulando a lo largo de la vida.

Cada emoción reprimida, cada pensamiento que empujamos hacia el fondo, queda allí… esperando ser reconocido.
No para castigarnos, sino para liberarse.

Yo lo viví así: cuando por fin me animé a quedarme con lo que sentía —sin juicio, sin distracción, sin apuro— empecé a sentir una paz que no venía de “entender” nada, sino de permitirme sentirlo todo.


La mente que quiere controlar lo que solo puede ser sentido

Hawkins explica que la mente es el resultado de los sentimientos reprimidos, no su causa.
Por eso intentar cambiar los pensamientos sin liberar el sentimiento subyacente es como querer secar el piso sin cerrar la canilla.

Y ahí comprendí algo esencial:
no hay sanación posible si sigo negando mi experiencia emocional.
No se trata de pensar diferente, sino de mirar lo que siento con consciencia.

Cuando dejo de resistirme, la emoción se disuelve sola.
Cuando la observo, escucho su mensaje y la abrazo desde mi verdadera esencia, se transforma.


Ser espiritual es ser humano

Durante mucho tiempo pensé que “espiritual” era una palabra grande, o para otros.
Hoy entiendo que no hay nada más espiritual que atreverme a ver lo que soy por dentro.
No para cambiarlo, sino para abrazarlo con amor.

Porque en ese instante —cuando dejo de escapar y me entrego a la verdad interior— aparece lo que siempre estuvo: mi esencia, mi luz, mi consciencia.


La invitación

En mi taller Cero Ataduras Todo Amor comparto herramientas prácticas para empezar a reconocer, comprender y transformar nuestras emociones.
No se trata de reprimirlas ni de temerles, sino de observarlas como mensajeras del alma, señales que nos guían hacia una vida más libre y auténtica.

Si sentís que estás lista o listo para dejar de huir de vos y empezar a mirarte con amor, este taller es un hermoso punto de partida.

Conocé más sobre el Taller Online Autoasisitido Cero Ataduras Todo Amor

Y si después descubrís que hay emociones o historias más profundas que querés trabajar con acompañamiento personalizado, te recomiendo leer también el artículo “A Lo que me resisto, persiste: cómo el inconsciente busca liberarme” del blog de Sesiones Individuales.


Comentarios
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de Conexión Consciente
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X